Hito en Oil & Gas: Argentina logró la mayor producción de petróleo de su historia
Con 859.500 barriles diarios, el país superó en octubre su récord de 1998. El shale aportó el 68% del total y consolida un salto estructural que reconfigura exportaciones, infraestructura e inversiones.
Argentina alcanzó en octubre de 2025 el nivel de producción petrolera más alto desde que se tienen registros. Con 859.500 barriles por día, el país dejó atrás el récord de 1998 y confirmó el rol dominante que adquirió Vaca Muerta en la última década.
La formación aportó 587.190 barriles diarios, un indicador de su maduración técnica, su competitividad y su capacidad para sostener volúmenes crecientes con estabilidad operativa.
El salto productivo responde a una combinación de infraestructura ampliada, un mercado exportador más dinámico y un marco regulatorio que empieza a adaptarse a la nueva escala de la industria.
El crecimiento de las exportaciones fue decisivo: con más capacidad de transporte y nuevas ventanas comerciales, las operadoras pudieron colocar excedentes de manera sostenida, lo que les permitió planificar niveles de producción más altos y estables.
La puesta en marcha del VMOS, el oleoducto diseñado exclusivamente para exportaciones de shale oil, junto con las ampliaciones del sistema de Oldelval, multiplican la capacidad de evacuación hacia Río Negro y consolidan un horizonte exportador en franca expansión.
Paralelamente, la eliminación de retenciones al petróleo convencional —iniciada en Chubut— abre la puerta a la revitalización de áreas maduras, que seguirán siendo clave para abastecer la demanda interna mientras el shale continúa creciendo.
El nuevo récord también convive con un frente estratégico de alto potencial: el futuro del gas no convencional y la posibilidad de su inserción global a través del proyecto LNG Argentina y otras iniciativas de licuefacción. Si el país logra un flujo exportador estable de gas natural licuado, aumentará en paralelo la producción de crudo asociado, sumando volumen tanto al mercado interno como al circuito exportador.
La marca alcanzada en octubre se inscribe en una trayectoria productiva que comenzó hace más de un siglo. Tras la década de 1990, caracterizada por altos niveles de producción, el país atravesó años de caída en los que la falta de inversión, el agotamiento de áreas maduras y la ausencia de infraestructura limitaron el crecimiento. La irrupción de Vaca Muerta desde 2013 y su aceleración a partir de 2018 revirtieron esa tendencia y reconfiguraron el mapa energético argentino.
En los últimos cinco años, el incremento de la productividad por pozo, la adopción de técnicas de perforación más eficientes y el desarrollo de pozos horizontales de mayor alcance consolidaron un salto cualitativo. Este proceso permitió no solo recuperar el terreno perdido, sino proyectar a Argentina como uno de los polos de shale más competitivos del mundo fuera de Estados Unidos.
Perspectivas hacia 2030
Las proyecciones para 2030 indican que Argentina podría superar el millón de barriles diarios si mantiene el ritmo inversor y completa las obras clave de transporte. El avance del VMOS, la expansión del sistema de Oldelval, la integración de nuevas plantas de tratamiento y el crecimiento de la capacidad de bombeo serán determinantes para sostener la curva ascendente.
Al mismo tiempo, el desarrollo del LNG podría abrir un mercado adicional que incentive aún más la perforación y fractura de pozos, generando un círculo virtuoso entre gas y crudo asociado.
Los analistas del sector coinciden en que la década actual será definitoria: el país podría consolidarse como exportador estructural de petróleo y gas, atraer inversiones de largo plazo y ampliar su presencia en el mercado regional.
Sin embargo, el escenario dependerá de tres variables centrales: reglas estables, infraestructura suficiente y una política fiscal que acompañe la competitividad del shale. Si esos elementos se mantienen, la producción argentina no sólo podría sostener niveles récord, sino inaugurar un capítulo de expansión sostenida hacia el final de la década.
Nota: Artículo publicado por Daniel Barneda en El Economista.
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